Maison Margiela Co-Ed SS26: Poesía Entre Costuras
- Valeria Cortés

- 9 oct
- 1 Min. de lectura
Entre los muros del Palais de Chaillot y una orquesta de 61 niños interpretando Strauss, Tchaikovsky y Beethoven, Maison Margiela volvió a recordarnos que la moda puede ser una forma de filosofía. La colección Co-Ed Spring Summer 2026 no solo desfiló, sino que reflexionó sobre lo que significa vestir el presente: un ejercicio de memoria, técnica y gesto.

El show abrió con un guiño al tailoring clásico, sacos recortados hasta parecer chalecos de esmoquin, con hombros redondeados, pinzas afiladas y una caída larga, casi fantasmal.

Las prendas se construyen con una precisión quirúrgica, pero se permiten el desorden del deseo: sedas plastificadas, mezclilla con alma de lana, y vestidos que parecen despegarse de la piel como papel tapiz antiguo.

Los slip dresses se reinventan: ahora flotan sobre trajes sastre o se fruncen con cinta adhesiva, como si cada prenda contara su propia historia de improvisación. Las flores no son estampadas, sino escaneadas de la vida real; impresas sobre seda que sigue el movimiento natural del cuerpo.

Galliano juega, cita y transforma sus propios archivos: bufandas de seda fusionadas a smokings eternamente anudadas, joyas recicladas y plastificadas, zapatos sin tacón visible y el regreso del icónico Tabi Claw con talón de plexiglás. Todo es reconocible, pero nuevo; teatral, pero silencioso.

Y mientras los niños tocan El lago de los cisnes, el desfile se convierte en una escena que trasciende la moda. Un recordatorio de que Margiela no diseña solo ropa, sino atmósferas: un lenguaje propio hecho de nostalgia, técnica y una belleza que, como la música, no necesita explicación.

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