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Hablemos Claro: Nuestras Vulvas y Vaginas No Son Tabú

  • Foto del escritor: morrasmag
    morrasmag
  • 18 nov 2025
  • 3 Min. de lectura

Mitos de olor, flujo y apariencia desmentidos


En un mundo donde la desinformación corre a la velocidad del internet, la salud íntima sigue envuelta en susurros, tabúes y datos que alguien inventó hace décadas. Muchas de nosotras crecimos sin un mapa completo de nuestro propio cuerpo, y eso, por más común que sea, afecta cómo nos relacionamos con él: con inseguridad, con dudas, con silencios innecesarios. Por eso Intimina hoy nos ayuda a hablar claro, sin pena y con datos reales sobre la vulva y la vagina. Para desmontar mitos que se heredaron como si fueran verdad absoluta, para empezar a vernos con más curiosidad que juicio.



1. Anatomía básica: lo que es y lo que no es


La vulva es todo lo que ves por fuera: monte de Venus, labios mayores y menores, vestíbulo, clítoris, abertura uretral, abertura vaginal y ano. Y sí: muchísimas mujeres no podrían nombrarlos todos sin confundirse. No es nuestra culpa; simplemente nadie nos enseñó.


Pero conocer cómo se llama cada parte y qué hace es el primer paso para entenderte mejor.

La vagina, en cambio, es ese canal muscular y elástico que conecta el útero con el exterior. Puede expandirse hasta un 200%, una locura si piensas en todo lo que puede alojar, desde una copa menstrual hasta un bebé. Además, mantiene un ambiente naturalmente ácido que funciona como un sistema de limpieza y defensa propio. Una máquina perfecta.


2. Olor, flujo y otros mitos que ya deberían estar cancelados


El olor vaginal NO tiene nada que ver con mala higiene.Tu olor cambia con tu ciclo, tus hormonas, tu sudor o incluso lo que comes. Cada mujer tiene su propio olor, y es completamente normal. La clave está en reconocer qué es “normal para ti” y estar atenta a cambios drásticos acompañados de dolor, ardor o picazón.


¿Y el flujo vaginal? Es un mecanismo natural de limpieza, un mix de células vaginales y cervicales, bacterias, agua y moco. Cambia de textura o cantidad según el momento del ciclo y sigue siendo normal mientras sea blanco o transparente y no huela fuerte o desagradable. Mucha gente lo describe como un olor “terroso” o “almizclado”. Sí, es normal.


El mito de la “menotoxina”. En los años 20, alguien dijo que las mujeres menstruando podían marchitar flores solo con tocarlas. Un “experimento” mal hecho lo “probó” y esa idea absurda sobrevivió por décadas. Hoy sabemos que la sangre menstrual no tiene nada tóxico. Es simplemente un fluido corporal más. Inofensivo. Punto.

3. Apariencia, sensibilidad y lo que está de moda (para bien y para mal)


La piel y el ciclo menstrual: Cerca de la menstruación, la piel puede volverse más sensible porque bajan los niveles de estrógeno. Por eso esos días duelen más las depilaciones estilo full bikini. No es drama: es biología.


La diversidad anatómica es la norma. Labios más largos, más cortos, asimétricos, pigmentados, gruesos, delgados… absolutamente todas las formas existen y todas son normales. No hay “una vulva correcta”.

El “rejuvenecimiento vaginal”. Hay procedimientos que sí tienen fines funcionales, por ejemplo, tratar incontinencia leve o ciertas molestias, pero otros solo responden a expectativas irreales sobre cómo “debería” verse la vulva. La variación anatómica es enorme y, en la mayoría de los casos, perfectamente saludable.


Hacia una relación más amable con tu cuerpo


La vulva y la vagina son dos de las piezas más impresionantes del cuerpo humano: fuertes, elásticas, autolimpiantes y diseñadas para protegernos. Entender su olor, su flujo, su sensibilidad y sus cambios no solo te ayuda a cuidarte mejor: también desactiva muchos de los mitos que nos han hecho sentir vergüenza o miedo por algo que es completamente normal.


Hablar de esto sin rodeos y decir adiós a ideas ridículas como la toxicidad menstrual o el “mal olor” como falta de higiene, abre espacio para una relación más informada, más consciente y más suave con tu cuerpo. Porque la normalidad es diversa. Y lo más importante no es encajar en un estándar, sino conocer qué es normal para ti.

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